miércoles, 23 de noviembre de 2011

Trabajos para evaluación final (enviar por correo)

1. Ensayo libro base
2. Comentarios de "Monstruo redondo"
3. Poema y comentario  de la sección: Y entonces apareció Borges
4. Análisis e interpretación de imágenes (equipos)
5. Narrativa

Fecha límite de envío: Lunes 28 de Noviembre

Saludos,
Prof. Macías.

"Una tercera parte de vida” Erika Roldán Ortiz


Erika Roldán Ortiz
“Una tercera parte de vida”
Lectura, imaginación y creatividad

Al llegar, me invadían los nervios y el miedo, nunca había ido a un lugar así es más nunca pensé que a mi me pasaría y mucho menos conocer a alguien que para mi por lo que había escuchado  estaba muerto. Antes de llegar, conocí a la persona que me llevaría a ese lugar, esa persona que dijo ser mi tía, una tía de la cual no sabía,  no la conocía; en el camino me pareció muy agradable a pesar de las circunstancias y de las cosas que platicaba, finalmente llegamos a nuestro destino y mi corazón latió como nunca.

 La gente gritaba “guarda ropaaa”, “cigarrooos” “papel de bañooo” y  “pannn”  para su interno, la gente que accedía por el gran patio a la entrada principal vestía de colores vivos ya que no se podía accesar de color blanco, beige y negro; las mujeres no podíamos vestir con blusas pegadas, escotadas, sin mangas, vestidos, zapatos de tacón y con un maquillaje provocativo, sin embargo había una gran variedad de atuendos y las dejaban pasar con unos cuantos pesitos. Por otro lado mi tía nos condujo a una especie de oficina enrejada la cual la atendían señoras pedinches, ellas eran las encargadas de dar acceso o no a los familiares de los internos, al preguntar por nuestro interno saco una ficha de trabajo maltratada y vieja ella pidió nuestros nombres e inmediatamente al dárselos nos dijo que no estábamos apuntados y por lo tanto no podíamos accesar.
Salimos con cierta decepción y a la vez con un alivio ya que por algo no nos tocaba entrar.

Pasaron los días hasta que llego el día de visita, nuevamente acudimos pero esta vez decidimos mi hermano y yo encontrarnos hasta allá con la tía, ese día fue totalmente diferente a la otra vez  debido a que todo corría por nuestra cuenta. Al llegar fuimos con la señora guarda ropa de la vez pasada ya que  la primera vez no nos robo nuestras cosas por lo que  automáticamente se ganó nuestra confianza y así fue como le dimos los celulares, sudaderas, llaves y dinero quedándonos solo con el ife y unos pesos. Al  no ver a la tía fuimos a formarnos a unas filas gigantescas bajo el sol, con más gente vendiendo y gritando, entramos por pura suerte al romperse la formación externa y aventándonos entre un mar de gente, la mayoría señoras con niños y bolsotas de comida y ropa; al atravesar esa primera fila pasamos a  la segunda donde era la entrada al tipo vestíbulo, entramos después de una larga asoleada y al pasar con las señoras  que brindan el acceso yo me encontraba temblando a punto de llorar, preguntamos por nuestro interno pero no contábamos que nosotros no estábamos registrados con sus apellidos por lo tanto sería difícil  identificarnos como sus familiares directos, la señora nos pidió nuestras ifes y nos dijo que qué éramos del interno conteste que sus hijos, me pregunto que si eso era cierto, porqué no teníamos su apellido y que como se llama mi abuela, me sentí muy estúpida explicándole que era la primera vez que lo conoceríamos y que por lo tanto no sabía el nombre de la abuela, finalmente nos dio un cardex que es un papelito donde escriben el nombre del interno, la caducidad de las visitas y que tipo de visita era.

En ese momento me separe de mi hermano,yo apenas podía hablar estaba casi llorando; él me decía que me esperaba adentro donde lo pudiera ver, nosotros no sabíamos cual sería ese lugar ya que completamente lo desconocíamos, al avanzar por mi cuenta me sentía sola en un mundo desconocido, pase con la primera custodia y me dijo que no podía pasar con una blusa sin mangas, mis nervios aumentaron, no sabía que hacer, era domingo y salirme a rentar una playera implicaba volverme a formar  y obviamente no ver a mi hermano. Me salí  e inmediatamente encontré una playera dejándole la mía a una señora que si bien quería podía robársela, no tenía opción, volví a formarme y en ese mar de gente me encontré con la tía, me sentí segura ya que esta vez no entraría sola; al entrar pase con la primer custodia, luego con otra que me toco hasta el alma, al pasar con ella salí a un pasillo donde más custodios revisaban la comida que la gente llevaba picoteándola ydesbaratandola, baje unas escaleras y se volvió hacer una fila de hombres y mujeres, pero esta vez cambiabas tu cardex por una ficha de color, estas eran verdes, amarillas, rojas y negras, nunca supe en que variaban los colores, sin embargo lo que atrapó mi atención fue el olor a descomposición o muerte y el frío que se encontraba ahí.

Al seguir caminando me pusieron un sello que solo se veía en una caja oscura con luz de neón, después de tres revisiones del sello pase a lo que sería el último patio que daba a los internos, yo solo pensaba en mi hermano y al no verlo me espante, por mi mente pasaban innumerables pensamientos, cuando camine hacía los internos la tía me llevaba por el hombro hacia adelante y ella por detrás, el sentimiento que se origino en mi es indescriptible pero es semejante a lanzar una carnada al mar, ver a los internos amontonársenos como moscas pidiéndonos dinero, voltear hacia arriba y ver a más y más, moneando, fumando mota, miradas perdidas, olores, el calor, el reggeatonuna cantidad de cosas que me impactaron, efectivamente era otro mundo.
No supe en que momento ya había un señor con un ojo cerrado y morado abrazando a mi tía, obviamente me saludo y al preguntarnos por mi hermano el miedo creció en los tres, pues él estaba perdido, el señor nos dijo que no nos preocupáramos e inmediatamente subimos a un lugar parecido a una cocina económica gigante, atascada y acalorada, fue en ese momento donde vi a mi hermano rodeado de como quince personas pidiéndole dinero y jaloneándolo, al verlo el señor los quito diciéndoles que en la noche se arreglaban refiriéndose a ellos como bebés.

Nos condujo entre sillas, mesas, internos y mucha gente a una mesa casi al final de la gran sala, desde ahí la perspectiva del lugar era total, podía ver las televisiones  colgadas en las esquinas, el baño, la cocina, los vendedores ambulantes, los mariachis, los artesanos, los que vendían discos, hasta los internos más viejitos que vendían sus medicinas, podías encontrar lo que fuera, era como si estuviera en el centro, que va en lo peor del centro. Cuando dirigí mi mirada hacia él, me di cuenta que mi hermano era totalmente su reflejo, él traía unos lentes negros, uno de sus ojos se encontraba entre cerrado con un derrame interno y alrededor morado, su cabello lo traía peinado hacia atrás de color negro y lacio no tan lacio, estaba rasurado, moreno, cada brazo poseía un tatuaje; vestía de color beige con una pancita colgando, era alto y su voz, su voz era amigable con nosotros y dura con los demás, de pronto me di cuenta que nuestras narices eran iguales y que físicamente era lo único que tenía de él.

Platicamos poco cuando de pronto nos dijo que si queríamos conocer el reclusorio a lo que respondimos que sí, mi tía sólo le dijo no manches Enrique; nos paramos y salimos por donde vendían la conasupo, en cada rincón que volteaba solo encontraba a más y más gente, mi papá nos abría paso como todo un guarda espaldas, yo me sentía protegida, pero no me gustaba lo que veía, era como un gran mercado, pasamos por una zona donde tejían pulseras muy bellas, los niños corrían como si fuera el patio de una casa, las mamás estaban con sus esposos, otras eran solo chavitas que llevaban a sus niños en brazos y por otro lado tenían otro en la panza. Continuamos nuestro recorrido a la parte de los puestos de comida tal cual como los conocemos en los mercados, había de carnitas, barbacoa, suadero, pastor;de todo hasta había paquetes disque económicos pero en realidad eran muy caros, era de suponer ya que de eso vivían los internos. Seguimos hasta llegar al patio principal donde vendían cosas de madera, bolsas, cosas que venden en los parques, en un vistazo fugaz pude observar a un interno semi desnudo, su piel era como la de fredy cruger, quise suponer que estaba quemado por el sol, pero mis ojos no pudieron seguir viéndolo, al final del recorrido se encontraban unas cobijas colgadas que juntas formaban cuartos a lo que mi papá los llamo “las cabañas”, le pregunte que qué eran y me dijo que era donde iban las prostitutas o cualquier otra persona a trabajar, eran horribles, camas echas de puras cobijas donde se podía oír todo y ver como se movían las cobijas.

Regresamos a nuestra sala, donde nos explico que él ahí trabajaba y que era el dueño, nos conto que al ser el más viejo en cuanto a estadía en su celda, él era la jefa y los demás sus bebés, sólo pensé que al menos no estaba con el mas pendejo y supuse que en un lugar así eso era bueno.
Llego la hora de la comida donde nos atendieron como si nunca hubiéramos comido, todo estaba increíblemente rico y atascado, los internos nos trataban bien y el del baño ni nos cobraba, entre platicas nos conto como es que llego a ese lugar, nos dijo que ya llevaba ocho años y que según en este cumplía su condena, pero que nada era seguro ya que en verdad hay gente mala que te mete el pie, te matan o simplemente no te dejan salir.

Al comenzar su narración, comento que se dedicaba a recoger los autos robados y los llevaba a su destino éste podía ser Pachuca, Cuernavaca o el Estado de México.  Esa vez se trataba de un buen trabajo puesto que se llevaría 20 bolas era algo tentador  y claro,que sabía hacer; dice recordar estar en un bardonde las drogas y alcohol no faltaban toda la noche en la fiesta  de un lugar a otro terminaron  sin más en un parpadear de ojos, sus manos estaban frente al volante, del lado del copiloto se hallaba una chica la cual en la vida había visto pero su hermosura era la suficiente para saber porque se encontraba ahí ; en el transcurso de la manejada por la noche en las calles de la ciudad se acercaron unos policías que según para hacer una revisión de rutina, al encontrarlo  en un estado mixto de alcohol y drogas la supervisión aumento hasta el grado de revisar todo el auto, en su búsqueda  quizás al principio o al final llegaron a la cajuela,él sin saber nada después de platicas que acababan en gritoneos por una típica revisión decidió abrirla, la sorpresa que se han de haber llevado los policías y aquel señor dieron un giro total a la situación me imagino las caras de interrogación y quizá de venganza por parte del conductor que al mirar fijamente encontraban el cuerpo de un hombre, no puedo generar o mejor dicho enumerar las sensaciones y pensamientos que pasaban por la mente de aquella persona, sabía que eso no era cualquier cosa y menos por sus antecedentes penales  en ese mismo instante sin nada mas que hacer fue remitido ante las autoridades.

Al aterrizar de nuevo al entorno de la sala sucia y calurosa me di cuenta de que para él estar en el reclusorio ya son significaba nada, ya que una tercera parte de su vida se encontraba ahí, realmente no tenía nada, lo único que le quedaba era su hermana y sobrinos, no tuvo más hijos mas que mi hermano y yo, no se volvió a casar, no nos conocía y por un momento sentí que el conocernos lo motivaría para algo y más porque solo le faltaba un mes para que saliera.
Hablamos de nuestras vidas, de las familias pero  nunca jamás había escuchado a alguien y menos a un hombre expresarse de una manera tan pura, con sentimientos tan vivos, con los recuerdos en las manos, con el alma en los ojos, de una mujer, esa mujer era mi madre, era una situación  inimaginable, una etapa que no conocía, pequeños charcos se asomaron por aquellas ventanas, ríos de agua brotaban de sus manos, pensé y me di cuenta lo que para él significaban esos momentos, en realidad estaba equivocada si había algo por lo que luchaba o al menos lo mantenía vivo y eso a causa de una gran mujer.

No sabía como me alegraba escuchar esas palabras, aquellos relatos que nunca escuche, me sentía como una niña y de pronto lo demás para mi no existía, mi alegría estaba al máximo y me deje llevar por esas sensaciones que quizás hasta ese día jamás había conocido. De pronto como si hubiera despertado custodios comenzaron a entrar en la sala con silbatos ordenándonos salir, nos acompaño hasta la última reja despidiéndose con un beso y un abrazo, algo que realmente no esperaba. Al comenzar a salir nuevamente filas y filas llenaron el patio pasábamos por los mismos lugares fríos y mal olientes, al llegar a la calle recupere mi blusa y las demás cosas, me sentía muy bien a pesar de las condiciones.

Transcurrió otra semana para poder verlo, no hubo nada diferente, el miedo se había ido, mi tía una persona morena, cabello largo, lacio y negro y con caderas anchas nos mantenía informados acerca de la salida del señor Enrique  y así de pronto una mañana recibimos una llamada, era él estaba “libre”. No había sido nada fácil, no los sueltan así con las pocas cosas que tienen y mucho menos a las 12 del día, salió a las 2 o 3 de la mañana, dice que siempre hay taxistas afuera de los reclusorios todas las noches, asegura que siempre salen unos pocos pero los que entran son más. Él tras estar 8 años en el reclusorio y salir de noche no reconocía nada, el taxista le temía y más por el destino al que lo llevaría, se perdió confundido por las obras del metro en avenida tlahúac pensando que era periférico, ver la ciudad otra vez era sorprendente.

Muchas cosas habían cambiado, y así el trato y mi concepción de esa realidad dieron un giro en mi vida ya que  para él la vida de aquí afuera no es tan diferente como la de allá dentro y sí,  era verdad, poco a poco me di cuenta que realmente no es necesario creo que si en algún ayer muy lejano lo fue ahora no me importa y si alguien me importa en esta mi vida es mi madre.

Actualmente lleva cerca de medio año libre del cual lo he visto muy poco, su apoyo del que siempre habla, en eso se queda, en palabras y así cada cosa que menciona, no puedo decir que me cae mal ni juzgarlo ni tener tantos pensamientos hacia su persona, ahora y desde que lo conocí le deseo lo mejor y si el destino o las consecuencias de ciertos actos nos llevaron a cruzar camino no tengo más que vivirlos como una digna batalla.

Un día con súper Herme-Maricela González Reyes



Maricela González Reyes
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Lectura imaginación y creatividad I

 Un día  con súper Herme
Cuando iba caminando en la calle por la banqueta, se sentía como todo un superhéroe, Hermeregildo su nombre es:
Su físico no es precisamente de uno de esos superhéroes fortachones, más bien es pequeño chaparro y con una enorme barriga, tobillos delgados y cara ovalada.
-que bien se siente caminar erguido-
-buenas tardes Herme-
-muy pero muy buenas-
Respondió con su caminar casi bailando. Sacó de su mochila la torta que su mami le había preparado por la mañana, mientras el dormía.
-Mmmmm que rica, y ahora si le puso aguacate, frijoles y es de milanesa.
En ese momento su imaginación voló hasta el día en que su madre lo llevó de día de campo después de haber salido de su primer día de kinder.
-Para recodar mejor el momento caminaré a mitad de carretera-
Justo ahí se encontraba un hermoso camellòn con árboles en forma de niños jugando fútbol, un perro y cartero en bicicleta; corrió como recordando aquellos viejos tiempos, en ese momento que séle atora el bocado de torta tosió lo más fuerte que pudo pero nadie podía escucharlo, todos caminaban por la banqueta.
Callo al piso
-Pass-
Después de unos quince ò veinte minutos despertó, pensó que estaba en el cielo, todo se veía tan blanco que no lo podía creer.
-tuuuuu, tuuuu-
El sonido de un trailer; sólo era el smoc de él.
-achù, achù, achù-
La contaminación lo hizo estornudar, toser y no podía parar hasta que se tomo un descanso. Se sentó y vio que su torta había caído a un metro, justo a unos cuantos centímetros de una enorme popò de perro.
Corrió sin importarle, tomó su torta y siguió comiéndola; camino directo a su clase de aeróbica.
Lego muy enticiasmado Herme.
-¡Hola a todos y todas!-
Todos respondieron con voz de flojera.
-¿qué hay Herme?
- ¡ya vamos a empezar!, hoy he tenido un grandioso día! -
Para ese momento llego su maestra, la cual usaba un mayòn amarillo, unas calcetas azul flourecente y tenis rosa mexicano; la mujer es enorme y con esa sonrisa de ventana, todo el mundo la saluda con un miedo enorme.
-¿pero qué se hizo en el cabello? -pregunto Herme-
-Me hice una basé, me veo hermosa ¿verdad?-
Herme es de lo mas inocente que podía existir, al nacer tragó un poco de ese liquido llamado ad miótico y tiene un retraso no aparente.
A él le encantaba el nuevo luck de afro de si queridísima maestra Alfonsina.
-Que cansado estoy, no podré llegar caminando a casa; trotaré-
Habían pasado solo dos minutos ni una calle había recorrido y el sudor  no dejaba de cesar, abrió su mochila de Bob Esponja y sacó una pequeña toalla rosada y se limpió el sudor; tomó un breve receso y siguió caminando cuando se dio cuenta la noche empezaba a caer.
-! No, no, no puede ser ! - Gritó muy fuerte  como si algo terrible le hubiera sucedido.
-¿Qué pasa? se acerco una señora muy viejita que había sido espantado por su grito.
Llorando Herme le explico a la viejita: -es que no llegó a mi casa, y hoy es el último capituló de mi seri3e y no podré verlo iiiiiiiiiiiiiiii lloro con una gran angustia.
-No te preocupes muchacho a las doce de la noche pasa una repetición-
-Gracias señora mía- se limpió las lágrimas y siguió caminando, después salto de gusto, -bye gracias dulce viejecita-; se alejaba gritando.
Tocó la puertita de madera que estaba adornada con ojos, orejas y narices de muñecos.
-Don don- gritó Herme, nadie salía abrirle, tocó más fuerte
-toc, toc, toc, toc.- Nadie respondía a su llamado, giró la perilla y descubrió que estaba abierto.
- iiiinch- rechino la puerta, todo oscuro, un reflector en la cara lo hizo empequeñecerse.
- ! Feliz día de tu no cumpleaños Herme!- gritaron un buen de p que se encontraban personas que se encontraban ahí, su madre sostenía un pastel en forma de cohete con treinta y dos velitas.
Muy contento soltó su mochila y corrió muy feliz hacia ellos.

Punto blanco. Sepúlveda Legorreta Jessica


Punto blanco

Algunas noches, cuando me siento desesperada, subo a mi cuarto, ubicado en la azotea. Salgo por la puerta que da al patio, continúo subiendo hasta el techo, la parte más alta de la casa, en donde se encuentra el tinaco, me siento a un lado, fumo un cigarro y miro el bello paisaje. El humo de mi cigarro le pica los ojos, pero eso no le impide acercarse a mi pequeño y peludo punto blanco, que parece más un fantasma que un ser vivo. Entre tanto, observo que, a la lejanía, pueden contemplarse los cerros, llenos de lucecitas parpadeantes y sobre de ellos, puede sentirse la inmensidad del cielo, repleto de nubes que viajan velozmente por la fuerza de los vientos. Imagino por un momento que el cielo es el suelo, quisiera sumergirme dentro de él, como si fuera mar. Trato de calcular su profundidad, me levanto y me acerco a la orilla del techo, quisiera acercarme más y tocar las nubes, pues creo que de aquí, ya no me quedan tan lejos. Sigo mirando hacia a arriba, pienso en que sólo una pequeña parte de toda esta belleza puede ser atrapada en un instante por mis ojos y dentro de mí. Quiero ir a allí, desearía que dejara de existir la gravedad, o cuando menos, poder volar y sentir las nubes rozando mi cara y ver como se disuelven entre los dedos de mis manos. Sigo mirando, las nubes parecen danzar de manera hipnotizante ante mis ojos, pero no, no es un sueño, siento que me llaman, siento que se acercan más y más, siento que de pronto me voy perdiendo dentro de ellas, ¿daré un paso más? De pronto algo me distrae, es ella de nuevo, miro hacia abajo, entonces recuerdo que existe más que el inmenso cielo, regreso de nuevo a la tierra y ella también me mira, como tratando de decirme que todo estará bien; la acaricio y bajamos finalmente juntas.
Pero… ¿quién es este fantasma?
Todo comienza más o menos así:
Hace algún tiempo, encontré en la calle a una pequeña gatita a punto de ser atropellada: se encontraba a mitad de la calle y justo cuando la vi, un automóvil le pasó por encima, moviendo sus orejas con la corriente de aire generada por la velocidad del vehículo. Tuvo suerte esta primera vez, por haberse quedado inmóvil, pero al pasar el segundo carro, ella ya había comenzado a caminar en otra dirección, cercana a donde yo me encontraba. El señor del automóvil se percató de que estaba a punto de atropellarla y se detuvo conforme yo me iba acercando para apartarla de ese peligro. La llevé a casa –en contra de la voluntad de mi hermana mayor- y comencé a cuidarla.
Aquella tarde, al llegar a casa, me di cuenta de que la gatita estaba muy enferma: tenía gripe, casi no comía, sus ojos estaban irritados y no paraba de maullar. Mi familia comenzó a impacientarse y me exigieron que me hiciera cargo, que asumiera mi responsabilidad  y que lo hiciera pronto. La llevaba al veterinario, le daba el medicamento pero apenas se notaba la mejora. Debo decir que hubo momentos en los que llegué a desesperarme tanto que incluso hubiese deseado jamás encontrarla, esto porque al llegar de la escuela o antes de salir de casa, me daban una serie de quejas terribles sobre el animalito. Era una gatita de color blanco, que pesaba tanto como una pluma, con unos enormes ojos de color azul profundo –los ojos más grandes que jamás haya visto en un gato de su talla- y también con unas enormes orejas –tal vez adelantadas al crecimiento del resto  de su cuerpo- como describiría mi papá: “con más orejas que alma”… Siempre helada, reclamando por estar al lado de alguien para sentir calidez, tan débil como para dormir casi todo el día, pero con suficiente fuerza en los pulmones como para maullar noches enteras y parte del día. A pesar de todo, trataba de pasar tiempo con ella, de esa manera ya no maullaba tanto. Era un poco cariñosa, pues estaba enferma y a cada rato me estornudaba en la cara. Me pareció agradable, aún en contra de la opinión general. Decidí ponerle un nombre raro y griego “Nikos”, claro, cuando aún pensaba que era gato; con el tiempo eso tendría que cambiar…
A los pocos días tuvimos visitas y terminé por dormir en el sillón, la gatita durmió conmigo y casualmente ese día estuvo muy tranquila, incluso jugó un pequeño instante –cosa que regularmente no hacía, pues sólo se la pasaba durmiendo- me pareció muy raro, al mismo tiempo que me llenó de alegría. Por la mañana, amanecí algo o muy entumecida y decidí dirigirme a una cama a recostarme para terminar de descansar, entonces la vi y por alguna razón me despedí de ella, le dije: “adiós, Nikos” y me retiré.
Pasadas unas horas, desperté y me dirigí hacia la cocina para desayunar, noté que algo andaba mal; mi Mamá y mis hermanas estaban comentando algo sobre cierta gatita y estaban preocupadas. Pregunté qué era lo que había sucedido y me lo resumieron en que la habían sacado al patio –porque mi hermana perdió la paciencia al escucharla chillar-  y había desaparecido. ¿Cómo había sucedido algo así? No era tan complicado de entender: hay un gran espacio entre el zaguán y el suelo, un espacio suficiente por el que cabe un animalito de esas dimensiones. Salí a buscarla por los alrededores, esperando no encontrarla atropellada, recorrí las calles aledañas durante algunas horas, pero no pude hallarla. Tenía la esperanza de que alguna persona la hubiera encontrado y llevado consigo. Me sentí terriblemente mal por lo sucedido y mi familia también -especialmente mi hermana, que fue quien la sacó al patio y no se percató de que podía escaparse fácilmente-
Pasó aproximadamente una semana, salí rumbo al centro con mi hermana y mi cuñado. Caminando por la calle y cerca de un carro, vi un pequeño y peludo punto blanco. Era ella de nuevo, no cabía la menor duda, igualmente frágil e indefensa que la primera vez. Corrí a atraparla, noté que  emanaba cierto aroma a gasolina y con ella en las manos, me dirigí de nuevo a casa. La conté a mi Mamá lo sucedido y se alegró mucho. Sin embargo, ella seguía enferma, la llevamos al veterinario y nos dijeron que incluso podía tener leucemia, debido al alto grado de desnutrición que presentaba, ya no tenía parásitos, pero seguía igual de delgada aunque comiera y tan fría como el hielo. Nos sentimos tristes y yo me preguntaba cómo era que un pequeño animalito pudiera tener una enfermedad de ese tipo. Fue entonces cuando recurrimos a otras alternativas antes de mandar a hacer análisis de sangre y, atendiendo al consejo de la Doctora, le administraron vitaminas y un estimulante para su sistema inmunológico en muy dolorosas inyecciones.
Con el tiempo las cosas fueron mejorando, mi familia poco a poco fue aceptándola y encariñándose con ella y entre todos empezamos a cuidarla. Nos turnábamos para alimentarla hasta que la veíamos llena  al tope. Mi Mamá, de modo particular, empezó a quererla demasiado y mi cuñado la nombró “Biancorina”, en lo que todos estuvimos de acuerdo.
Cada día iba se ponía más saludable, su pelo se hizo más suave, comenzó a comer bastante bien -tenía una pancita muy grande que la hacía lucir muy graciosa- y empezó a jugar mucho con los demás gatos. Incluso,  puedo decir que queda poco de la gatita que encontré aquél día en la calle, realmente cambió mucho y se puso muy bonita...
Todo marchaba de maravilla. Pasaron aproximadamente nueve meses, Biancorina se había convertido en toda una belleza. Fue cuando entonces decidimos llevarla a operar, porque debo decir, ya tenemos bastantes gatos en casa, recogemos a los que encontramos en la calle, es como una tradición familiar. Comenzó la campaña de vacunación y esterilización en el centro de salud, como teníamos a otros dos gatos por operar, decidimos que era el momento perfecto para llevarlos y evitar tener un número que sobrepasara nuestro presupuesto y espacio. Llegamos temprano, el “veterinario” llegó mucho más tarde, parece que tuvo problemas, y malhumorado, nos atendió.  Comenzó su labor: primero los inyectó, los tres gatos quedaron inmóviles, con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas, -es una sensación abrumadora ver a tus mascotas en ese estado, trataban de resistirse, era como si estuvieran muriendo, pero sólo era anestesia-. Pasó a cada uno por su plancha metálica y fría, preferí no ver, me alejé de la escena. El hombre de blanco no tardó realmente mucho, pero si lo suficiente para que yo, mientras tanto, intentara ayudar a una señora desesperada, a quien se le escapó su gato siamés gigante, llamado Chicho, que tras ser inyectado, salió disparado por las calles como un cohete, pero bueno… eso es otra historia. Mi hermana fue a buscarme, pues me encontraba en lo alto de una barda. Tuve que abandonar lo que hacía, pues la operación de nuestros gatos había terminado y debíamos llevarlos a casa rápidamente. Llegamos, los colocamos sobre unas telas, sus cuerpos eran prácticamente de trapo.
Pasaron aproximadamente dos días, cuando revisé a mi pequeña Biancorina, me di cuenta de que su herida se veía algo húmeda y rara, me preocupé, avisé a mis hermanas que llegaran pronto para llevarla a revisión. Para entonces, sucedió que llevamos primero a otra gatita, porque parecía tener una terrible gripa, mis hermanas me dijeron que Biancorina no se veía tan mal. Cuando regresamos a casa, por la noche, bajé a Biancorina a la cocina, aparentemente estaba bien, incluso comía y andaba rondando. De repente volteé a verla, se estaba mordiendo el punto, pues le causaba mucha comezón, la distraje, pero ya llevaba haciéndolo varias veces; escuchamos el hilo reventarse, cayeron al suelo tres gotas de sangre y en seguida, por gravedad, sus intestinos y demás órganos. Mi hermana la sostuvo y tomó las entrañas de la gatita con sus manos, acercándolas hacia la pancita de la misma. Me quedé inmóvil, comencé a gritar, realmente estaba impactada y pensé moriría al instante, no quería ver más… En tanto, mi hermana la sostenía con fuerza; Biancorina, por el dolor, quería zafarse de sus manos, le supliqué que aunque la mordiera y la rasguñara, no la soltara. Ella me pidió, primeramente, que guardara la calma, me dijo que todavía no era demasiado tarde y que reaccionara; enseguida, me pidió que corriera por gasas y vendas.  Corrí, usamos las gasas, la envolvimos en una colcha, llamamos a la doctora para pedirle que nos atendiera. Salimos, íbamos cargándola entre mi hermana y yo. Realmente el consultorio de la Doctora se encuentra cerca de casa, pero al caminar por las calles, en medio de la oscuridad, y con tanta apuración,  se nos hizo un recorrido eterno, nunca habíamos sentido que estuviera tan lejos como aquella noche. Llegamos al fin, la Doctora nos dijo que por poco ya no la alcanzábamos, que cuando recibió nuestra llamada, se disponía a cerrar el consultorio. De forma muy profesional, empezó a trabajar: le administró rápidamente anestesia, Biancorina estaba tranquila cuando llegamos, no puedo imaginar cómo se sentiría en aquellos momentos, durmió a los pocos instantes y comenzó la operación. En tanto, yo estaba temblando, estaba muy nerviosa, tuve que llorar para calmarme al fin. La Doctora finalizó, a la gatita le quedó una larga fila de puntos, unos doce aproximadamente, a lo largo de su pancita; le administraron algunos antibióticos y nos fue devuelta en calidad de trapo, nuevamente.
La noche no fue sencilla. Teníamos que voltear a Biancorina para que no acumulara líquidos, tenía que estar bien abrigada, pues no podía mantener la temperatura y ya era época de frío. Me la puse encima de la panza, para tratar de darle calor. Por la madrugada, comenzó a recuperar el conocimiento, trataba de moverse, pero sus patas no le respondían y terminaba cayendo, en ocasiones, sobre mi cara.
Así pasaron como cuatro días, tratábamos de darle de comer, pero no quería, estaba realmente drogada para soportar el dolor de la operación, le ponían varias inyecciones al día. Comenzó a adelgazar rápidamente. La Doctora nos dijo que teníamos que alimentarla por la fuerza, de otro modo terminaría muriendo. Fuimos algo bruscas, pero era el único camino. Poco a poco fue comiendo, sus puntos se fueron cerrando, no hubo infección y lo más importante, sus intestinos quedaron bien acomodados, de modo tal que su aparato digestivo volvió a funcionar como siempre.      
Debo decir que en toda nuestra historia de convivencia con gatos, nunca me había topado con un animalito que nos costara tanto trabajo y dedicación cuidar, con un animalito que a pesar de tener todo en su contra, lograra sobrevivir, demostrando tener muchas más de 7 vidas, y que nos hiciera sentir un gran afecto –siempre hubo algo en ella que nos hacía sentir muchísima ternura, algo en su manera de comportarse-. Cualquier persona que la veía, no le daba ninguna esperanza, me decían que ya esperara lo inevitable, siempre con ese fatídico destino al que parecía estar condenada.  Después de todo lo que hemos pasado con ella, estamos seguros de que ha valido la pena todo el esfuerzo por mantenerla con vida. Aunque hay momentos en los que dudo que sea un gato de verdad, ha sobrevivido a demasiados eventos, tal vez sea un fantasma de un pequeño y peludo punto blanco…

¿Y porque no?. Ángeles De la Torre Sibel Estefany


De pronto sonó el teléfono, era mi amigo “el guajiro” un tipo de mas de 50 años apasionado de la música y con un gran talento para la guitarra y la composición, Llamaba para invitarme a la famosa reunión de cada año, “ la fiesta del día del músico”,  a menudo solía invitarme a reuniones a cantar, él pensaba que yo era un diamante en bruto y su labor era pulirme. Tenía 16 años y la música invadía mi sangre cada día más, no perdía ninguna oportunidad para subirme a un escenario y hacer lo q mas me gusta “cantar”.

A las 8 de la noche ya me encontraba en la fiesta, el ambiente me hacia sentir como en casa, tantos músicos ahí reunidos,  inspirados sacando a la luz su mejor repertorio. De pronto llego mi turno… I want to break free, quiero ser libre… todos escuchaban atentos, incluso él… Él que de pronto abrió la puerta y fijo su mirada en mí… 

Su nombre… Lalo, lo supe cuando toco su turno de cantar “love me two times” ámame dos veces…  Su mirada en un principió me resulto interesante pero cuando empezó la canción, no pude evitar sentirme totalmente atraída, su voz no era una simple voz, era la voz más hermosa y varonil que hubiera escuchado. Cuando bajo del escenario mirándome a los ojos se dirigió hacía mi.

-Hola, nunca te había visto por aquí… 
- Es la primera vez que celebro el día del músico, le dije
- Pues que bueno que te animaste a venir, oye ya casi me voy pero antes quise preguntarte  ¿tienes alguna banda o cantas en algún lugar? Lo que pasa es que yo tengo una, y estamos en busca de una vocalista como tu.
- no, nunca he estado en una banda, pero tal vez pueda ir a escucharlos y hacer una audición.

Días más tarde nos encontramos en un punto, de ahí nos iríamos al ensayo, pero justo cuando íbamos en camino, casualmente le llegó una llamada. Cuando colgó me dijo:

- ¡que crees! Se cancelo el ensayo, que pena… pero podemos ir a tomar un café o te llevo a tu casa y tu me invitas uno…

Ahora si todo era muy claro, no habría ningún ensayo, lo que el quería era que estuviéramos solos y conquistarme. Ese día nos divertimos tanto, pudimos hablar de tantas cosas pese a que el me llevaba 8 años. Sabia como tratarme, me decía lo que yo quería escuchar, me sentía segura a su lado…

Días mas tarde por fin conocí a mi primera banda y justo en ese momento empezó una nueva etapa en mi vida… Una etapa difícil que recuerdo con emoción y nostalgia.

Lalo y yo nos hicimos novios a escondidas de mi papá, el no podría tolerar la idea de que su pequeña hija pudiera estar en las garras de un hombre 8 años mayor. Mi madre en cambio siempre comprensiva sabía cada detalle, como buena alcahueta…

Cada día era feliz, La música llenaba cualquier vacío, me gustaban los días en los bares,  cuando me subía a los escenarios y sacaba lo más profundo de mi alma, lo daba todo, cada día todo salía mejor y no tenía miedo, la gente aplaudía y eso me inspiraba… Además Lalo estaba a mi lado, cuidándome siempre de aquel tipo aprovechado que se me acercaba, yo me sentía tan segura…

Conocí a su familia, a sus amigos, su consultorio (ya que el era dentista),  Me adentro a una ilusión, la ilusión que cualquier adolescente pudiera sentir estando en una relación de grandes…

Pero solo fue eso,  una ilusión, meses mas tarde un mensaje a mi celular me cambio el panorama…  Hola, soy Max.

Max era el baterista de la banda, un chico noble al cual admiraba por su talento y amabilidad, Su mensaje me cayo de sorpresa porque, Lalo nunca había permitido que los integrantes de la banda tuvieran mi teléfono, era muy celoso, le molestaba que otros se me acercaran. Max lo hiso por una razón, él consiguió mi teléfono para decirme algo que en un principio no pude entender…

- No te enamores demasiado, me dijo Max.
- ¿Que no me enamore demasiado? ¿Y porque no? Le dije desconcertada
No hubo contestación… y sin embargo ese silencio me doblo poco a poco.

Al siguiente día sonó mi teléfono, Era Max de nuevo.

-          Hola pequeña, (así solía llamarme), perdón por no contestar ayer, necesitaba pensar…
-          Pero me dejaste en la incertidumbre, ¿porque me dijiste eso?, ¿que me quieres decir? Le pregunte.
-          Pues… Yo se que va ser difícil, pero no soporto mas esta situación, eres tan especial que no se vale.

Intuía lo que iba a decirme, y sabía que iba a doler, así que tome aire.

-          Lalo… Lalo tiene novia,  dijo nervioso.
-          pues si, yo soy su novia,  le dije ingenuamente.
-          No niña… Lalo lleva una relación de 6 años con una chica, pero siempre le hace eso, la engaña cada que puede. El es mi amigo, pero no se vale que ahora haga eso contigo, que te ilusione así.

No supe que contestar, mi corazón se estaba quebrando.

Esa tarde mi mente se abrió a dos posibilidades, una de ellas, la idea mas vaga,  que Max me estaba mintiendo porque quería separarme de él, y en la otra posibilidad mis recuerdos le daban la razón a Max, claro… es por eso que a veces cuando sonaba su celular se alejaba de mi, era ella, ilusa e ingenua como yo, pensando cualquier cosa,  menos que su novio la engañaba…

¿Porque me estaba pasando a mi? Yo que me entregue tanto, que di lo mejor, ¿porque jugo conmigo de esa manera?… ¿pero y si no es verdad?,  Y en medio de un tumulto de pensamientos encontrados, sonó el teléfono, era Lalo.

-          Hola mi niña, ¿que haces?
-          Pensado… le dije
-          ¿En mi? Contestó
-          si… le dije con voz fría
-          ¿que tienes?
-          ¿Porque me mientes? Le pregunté
-          de que hablas, no te miento…
-          ya se todo, se que tienes una relación con otra persona
-          ¡no es cierto! ¿Dime quien te dijo eso?
-          No importa, me engañaste…

Y así después de una platica larga en donde Lalo intento convencerme de que todo era mentira y que me quería… le dije que necesitaba pensar las cosas, que tenía miedo de que fuera verdad, en esos momentos no podía creerle.

Estaba tan confundida, no sabía que hacer, no tenía pruebas, solo la palabra de Max contra la de Lalo, y yo en medio sintiéndome como un títere.

Días mas tarde, después de mucho pensar, decidí terminar definitivamente esa situación, solo había algo que quería conservar, la banda. Y así me hice la fuerte para que no me afectaran los momentos en que tenía que verlo durante los ensayos y eventos, a veces quería olvidar todo, abrazarlo y hacer como si nada pasara, pero mi dignidad no me dejaba, una parte de mi me pedía a gritos que volviera, y otra me impedía caer en su engaño.

De pronto un día, a dos horas de empezar un ensayo en mi casa, llegó un mensaje de Max.

- ya vamos para tu casa, pero te aviso que va la novia de Lalo…

¡Que! Me llene de frustración, no sabía que haría, ¿Correrlos? o ¿Llorar?.
Y llegaron…, se me hizo un nudo en la garganta al momento de abrir la puerta y verlos ahí, tomados de la mano.

-          Hola, dijo Lalo con la mirada en el suelo, te presento a Jenny
Fije mi mirada en ella , - tu no tienes la culpa, estás enamorada igual que yo… pensé
-          Hola Jenny,  le dije sonriendo, haciéndome la fuerte para que el viera que ya no me importaba.

Luego ella me vio de abajo hacia arriba y después fríamente me dijo – hola
Todos alrededor miraban la escena, esperando que yo hubiese reaccionado de otra forma.
Lo único que quería era que todos desaparecieran, que se los llevara el viento y quedarme sola para llorar, pero no fue así…

-Voy por un cable, les dije a todos en voz alta para alejarme un momento de la escena.

Cuando regresé, Lalo y Jenny se pararon frente a mi.

-          Oye, se me olvido decirte que Jenny es mi novia, dijo Lalo suplicándome con su mirada que no hiciera un escandalo.

Ahora entiendo… ella sospechaba de mi y seguramente le pidió que me la presentara como su novia, para sentirse segura de que él le era fiel. Pensé mientras los veía con lastima. Lastima porque yo ya tenía los ojos abiertos y ellos seguirían viviendo en una relación enferma.

-          Ha… pues, bien por ustedes, les dije.

Que momento tan incomodo y doloroso…

Al finalizar el ensayo, abrasé a Max y le dije que no podía seguir en la banda por el bien de todos, realmente lamentaba terminar un proyecto de esa manera, pero necesitaba no verlo.

Lalo supuso que no volvería a verme después de lo ocurrido y lo único que me dijo al despedirse fue.

-          Perdón.
-          Adiós,  le dije cortante.

Y nunca más volví a verlo. Solo quedó en mi por mucho tiempo una sensación de desconfianza, sin querer puse frente a mi una barrera muy grande que no me permitía creer en los demás y mucho menos enamorarme, me cerré puertas para no sufrir.

Así fue mi vida hasta hace unos años que llegó a mi vida un ser lleno de luz, cuando conocí sus ojos supe que era el momento de desprenderme de mis miedos, de creer en alguien otra vez y volver a enamorarme.

Hoy no me arrepiento de nada porque cada experiencia es una enseñanza, y yo he aprendido mucho de algunas.